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Lunes, 12 de marzo de 2007
Pronunció las palabras
centrales Eusebio Leal, historiador de la Ciudad de La Habana y
Presidente de la Sociedad Cubano-Mexicana de Relaciones Culturales.
Desarrollado foro interactivo por Internet con el tema
Martí,
periodista, e inaugurada la sala de navegación por Internet para
afiliados de la UPEC
Por Juan Marrero Fotos JAMP
"Hoy clamamos -dijo Eusebio Leal- para que siga Chac
Mool mirando al Oriente, está vez tras de los ojos de Martí (...)"
En los jardines de la UPEC, frente al busto de Juan Gualberto Gómez,
se develó una estatua Chac-Mool basada en el autorretrato que se hizo
José Martí de ese personaje de la antigüedad maya.
La actividad formó parte del 115 aniversario de la fundación del
periódico Patria y la Jornada por el Día de la Prensa Cubana.
Al pronunciar las palabras centrales del acto, Eusebio Leal Spengler,
Historiador de la Ciudad de La Habana y Presidente de la Sociedad
Cubano-Mexicana de Relaciones Culturales, expresó que "muchos pasarán y
verán el monumento de Chac Mool, obra preciosa de Negrín, y preguntarán
qué excentricidad es esa de colocar el rostro de Martí en un ídolo
antiguo…¿qué nuevo culto querrán establecer los cubanos?. Crasa
ignorancia, pues fue él mismo el que hizo el retrato, fue él mismo
el que se vio en ese espejo, él se vio Chac Mool, lo que quiere decir se
vio América"
"Hoy clamamos –dijo más adelante Leal—para que siga Chac Mool mirando
al Oriente, está vez tras de los ojos de Martí, esos ojos que para
nosotros no se han cerrado nunca". .
La colosal obra ha sido una inspiración del destacado escultor cubano
René Negrín , Bejucal, 1949), quien es actualmente profesor de Escultura
en el Instituto Superior de Arte de La Habana, quien ostenta la
Distinción por la Cultura Nacional y ha recibido numerosos premios
nacionales e internacionales por su obra. Negrín, por supuesto, estuvo
presente en el acto de inauguración de su escultura Chac Mool en Martí.
Michele Cruz Montero, de México, y Juan José Gutiérrez, de Guatemala,
estudiantes del diplomado 39 de periodismo en el Instituto Internacional
de Periodismo José Martí, tuvieron a su cargo la develación de la obra
inaugurada en los jardines de la UPEC.
A los participantes en la actividad se les entregó un folleto que
contiene el ensayo hecho por el profesor Jorge R. Bermúdez, de la
Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, con toda la
historia sobre el dibujo que Martí se hiciera a sí mismo como un
chac mool y todo lo relacionado como esa figura legendaria de la cultura
maya.
En la presidencia del acto estuvieron, además, Tubal Páez, presidente
de la UPEC, Haydée Montes, secretaria general del Sindicato de
Trabajadores de la Cultura, y otros dirigentes de la UPEC, directores de
medios de comunicación, premios nacionales de periodismo José Martí,
figuras de la cultura nacional y familiares de Juan Gualberto Gómez.
Al concluir Leal sus palabras, la cantante Omara Portuondo interpretó
a capella la canción Clave cubana, dedicada a José Martí.
Paralelamente a este acto tuvo lugar un foro interactivo por Internet
con el tema Martí periodista, auspiciado por el Consejo Martiano de la
Prensa Cubana, Radio Rebelde y la UPEC, y Eusebio Leal cortó la cinta
que dejó inaugurada la sala de navegación por Internet para afiliados de
la UPEC.
PALABRAS DE LEAL
Querido Tubal,
Queridos amigos, estudiantes y periodistas de Nuestra América.
Queridos periodistas cubanos, familiares del benemérito Juan
Gualberto Gómez.
Queridas y queridos todos
Qué misterio se cumple está mañana: una nube amenazando lluvia viene
a ser como el dosel natural del que fue identificado como Dios de la
lluvia. En el momento en que de la visión que de él tuvo José Martí y de
la cual nuestro querido amigo, nuestro apreciado profesor Jorge Bermúdez
deja esta mañana, en un ensayo preparado especialmente para hoy, un
análisis histórico, arqueológico y antropológico válido para la
interpretación de nuestro acto. También la obra impar de René Negrín,
uno de los escultores contemporáneos de Cuba de más meritos, quien ha
tomado la obra propia de Martí, su autorretrato, su visión de sí mismo,
en su mirada sobre Nuestra América como él le llamó por primera vez, en
este monumento.
Un monumento que lo identifica a partir de esa reflexión tan personal
a Carmen y la incógnita del nombre de Rafael entre interrogantes al
final de sus letras con el Chac Mol descubierto en la penúltima década
del siglo XIX y que va a continuar presente en su obra por largos
años hasta inmortalizar esa inquietud en las letras escritas para niños
en la Edad de Oro.
Sus trabajos y referencias sobre el descubrimiento del arqueólogo
norteamericano Le Plongeon, su premura por tratar de dar una
interpretación a lo desconocido, y la firme y determinante
determinación del pueblo mexicano que por ley no permitía la
expropiación de los monumentos arqueológicos que apareciesen en su
tierra.
De esa manera, el acontecimiento que este descubrimiento supone
conmovió al mundo de la arqueología y la antropología contemporánea,
significó como la resurrección latente de los pueblos antiguos de
Nuestra América, cuya alma poderosa no había sido ni quebrada ni
debilitada por la inculturación de otras ideas, de todo un complejo
civilizatorio ajeno que en su momento se inserta a partir de la
conquista española y que aparece patentizada en las palabras que, como
exergo ha tomado el propio Bermúdez, cuando Martí, con apasionante
dolor, describe que no fueron rotas las maderas de la cruz para
incendiar y hacer aquel incienso de auto de fe la obra, el pensamiento y
la creatividad de los pueblos antiguos de nuestro continente.
Y es que somos lo que somos, y no podemos negarlo. Cuando subimos
juntos, diría él otra vez, la cuesta del calvario, nos dolió tanto una
sangre como la otra; sin embargo, no cabe dudas que costó trabajo y
empeño, largo empeño, situar aquellas autóctonas sobre cuyas
cenizas en nuestro caso nos levantamos como pueblo y sobre la sangre, el
hueso, la poesía, la filosofía, el concepto de la vida, las artes todas
se edificaron las identidades de los pueblos americanos en la edad
moderna, de México y Guatemala, los dos hitos en su camino por Nuestra
América, le viene a Martí el deslumbramiento por esa realidad que le es
desconocida.
Desde su llegada de prolongado exilio hasta el encuentro con sus
padres en la alta meseta mexicana en Ciudad México, hasta su espectación
por la apertura de aquella primera muestra de las antigüedades
mexicanas, como se le llamó entonces en el recién inaugurado museo de la
calle de la Moneda, precisamente al lado del Palacio Presidencial y a
pocas puertas y ventanas de donde Juárez había exhalado su último
suspiro, Martí siente la atracción magnética por las antiguas
civilizaciones, las descubre en el mercado, las ve en el pintoresco y
hermoso vestuario de las indígenas, las escucha en las lenguas que
apenas puede interpretar, pero que trata de traducir en lo más profundo
de su alma en forma de sentimientos, anhelos, esperanza, poesía… Todo
eso está contenido en sus trabajos y noticias sobre Chac Mool, en la
interpretación que introduce del significado de ellas mismas, y en el
extravío a partir de lo que él tenía como noticia del momento de su
juicio sobre algo que no ha podido tocar aún con sus manos. Solo
posteriormente los grabados más que las fotografías, que no estuvieron
oportunamente a su alcance, le permiten rápidamente realizar una
aproximación al rostro y al espíritu de la piedra muerta. Comprende las
razones de aquellos que ocultaron en el bosque lo que querían no fuese
arrebatado a su patrimonio, se acerca al templo de Chichén Itzá ,a lo
que hoy conocemos como el castillo, y describe con viva emoción su
parentesco con las antiguas culturas humanas a escala mundial: Egipto,
la Grecia Antigua, pero siempre con su mirada en América, su visión
centrada en lo que consideraba como suyo, en esta parte del universo
donde los pueblos que le precedieron en el tiempo habían descrito la Vía
Láctea como la ruta de las almas.
Con mucha razón Jorge Bermúdez escoge el lúcido trabajo del profesor
cubano-mexicano Alberto Russ Lhuillier, nacido en Camagüey, cuyas
conferencias sobre palenques, las últimas pronunciadas en la Ciudad de
La Habana, fueron luminosas. Fue él el que pudo acceder a la única
tumba americana hallada en lo profundo de una pirámide concebida
solamente hasta el momento como un adoratorio, y hoy en el corazón del
recién abierto e inaugurado salón de exposiciones Maya, en el gran Museo
de Antropología e Historia de la Ciudad de México, aparece el nombre de
aquel cubano ilustre en el sitio que le corresponde, aunque en algunas
ocasiones aparezca como el joven parisino que se enamoró de México o
como un cubano que para muchos no lo es.
Pero cuesta mucho trabajo establecer diferencias en parentescos y
tierras de origen en esta América de nosotros. Guatemaltecos, mexicanos,
venezolanos, colombianos, gente de las tierras insulares, de esto que me
complace llamar nuestro mediterráneo, están hermanados por raíces muy
profundas, y esa multitud que está ante mí ahora, pequeña, expresa como
es actualmente Nuestra América. De una parte aparecen altivos
todavía los rostros y los perfiles de los africanos devenidos en
cubanos, aparecen todavía los ojos oblicuos de los pueblos que muchos
identificaron con los que una vez vinieron de la distante y lejana
Mongolia atravesando el estrecho de Behring para el poblamiento
americano, misterio todavía no resuelto. Están entre nosotros las barbas
y los ojos grises y azules de los que vienen de España o de otras
latitudes que se unieron en esta pequeña caldea para fundar un pueblo,
un pueblo que, como isla, ve al mundo con los brazos abiertos, como lo
vio Martí, como estuvo Chac Mol mirando al Oriente, sedente, tranquilo,
llevando sobre el pecho las manos cruzadas y un platillo para preciosas
piedras que no son otras cosas que nuestras culturas, nuestras
identidades, nuestros sentimientos; con las piernas levantadas mirando
al Oriente.¿Qué es el Oriente? Nosotros, las islas, el punto de
partida, el lugar de encuentro, a parentesco de Chac Mol con Tlaloc,
Dios de la lluvia, de los que descendieron de Tulac una vez, de la
tierra de los atlantes, de los que creyeron con firmeza cósmica que
verían bajar benéfica un águila poderosa y posarse desgarrando la
cabeza de una serpiente sobre unas tunas en un islote, origen de una de
las más míticas y hermosas ciudades de la antigüedad americana:
Tenochitlán, México, para llegar allí y rondando la idea de que
debía escribir sobre América, pasar luego a Guatemala en un larguísimo
viaje en barca, en mulas, contemplando lo nunca antes visto, lo que Cuba
no le concedió como privilegio, ya que él no pudo ver el Oriente cubano
ni las tierras hermosas de Camaguey, ni las empinadas sierras de Las
Villas solo hasta el Hanábana, en tierras de Matanzas, por eso la
premura en los últimos días por describir mostrándonos con claridad la
flor del dagame que aman las abejas, las hojas del cupei, las maravillas
de la naturaleza tantas veces soñada.
Martí americano, como somos nosotros, hasta el momento en que por el
mortal despojo nos vimos con pudor obligados a prescindir del nombre;
somos nosotros, los americanos los más antiguos, los raigales, los
perennes. Muchos pasarán y verán el monumento de Chac Mool obra preciosa
de Negrín, y preguntarán qué excentricidad es esta: colocar el rostro de
Martí en un ídolo antiguo, ¿qué nuevo culto querrán establecer los
cubanos? Crasa ignorancia. Fue él mismo el que hizo el retrato,
fue él mismo el que se vio en ese espejo, él se vio Chac Mool, quiere
decir se vio América.
Hoy, en momento tan importante para nuestra Patria y para el mundo,
la prensa cubana se reúne en el 115 aniversario de que la Revolución, su
Revolución, su creación, la gesta martiana, iniciada mucho antes de
1895, se consagrase no solamente como un partido político, único,
unitario para reunir las tendencias, para reunir los grupos, para apagar
los cabildos pequeños, un partido no una partida, un partido para
liderar una guerra de liberación nacional, para sentar instituciones,
para salir del país y entrar de mío y de lleno en la Patria y soñar con
la nación posible de leyes y derechos y un periódico, Patria, 115 años,
un órgano, un órgano de opinión, una página para orientar, para levantar
la mano en busca de la unidad indispensable por la cual hoy clamamos.
Siga Chac Mol mirando al Oriente está vez tras de tus ojos Martí, esos
ojos que para nosotros no se han cerrado nunca.
Gracias |